Lo que no nos contaron...
- 22 ago 2016
- 2 Min. de lectura
Para las que piensan que el tiempo parece detenerse, les cuento que no se detiene. Los nueve meses más eternos se terminan cuando por fin conocemos a nuestro bebé, los momentos más caóticos pasan, las noches difíciles empiezan a disminuir casi sin darnos cuenta. El sueño en nuestros brazos queda relegado a los días de mocos y también sin darnos cuenta aparece la nostalgia de pensar en que momento se aceleró el tiempo. Momentos que se viven eternos...
Solo quien paso una noche sin dormir calmando a nuestro bebé sabe de lo que se trata, cuando el cansancio parece ganarnos y tenemos que concentrar la poca energía que nos queda en tener los ojos abiertos y los brazos firmes, una noche sin dormir se siente interminable! -y ni pensar si son muchas noches sin dormir-.
Lactancias que a veces no son el momento perfecto y espontaneo que siempre soñamos y por el contrario requieren de todo nuestro esmero.
Sin dejar de lado la vulnerabilidad de nuestros pensamientos, el poco control que tenemos sobre nuestros sentimientos, sin lograr entender como por momentos nos domina la tristeza y el llanto pasa a ser su manifestación por excelencia. Es que no entendemos como podemos sentirnos así, y por momentos reina la culpa por no lograr ser madres de película.
Pero el tiempo pasa, si, pasa e increíblemente nos olvidamos de los momentos mas difíciles, no somos capaces de recordar lo perdidas que algún día llegamos a sentirnos, porque en realidad , simplemente nuestro cuerpo y alma se acababan de dividir en dos y cuando la herida sana, solo queda el amor, el amor mas grande que podamos imaginar, el amor por nuestro hijo... y a la distancia recordamos como deseábamos ver por la ventana la luz del sol luego de una noche larga.






Comentarios